Daaarling!! Vivimos rodeados de outfit videos, transiciones perfectas y closets que parecen salidos de sets de cine. MAARAVILLOSOO, sí, pero agotador también. Cada scroll es una invitación a consumir más, cambiar más, querer más. La forma de manejarlo es simplemente mirar lento.
Los tiempos han cambiado: el acceso a la información de manera masiva, la creación de contenido, la disponibilidad de consulta y la rapidez de respuesta… es un poco abrumador, seamos honestos. Parece que cada día consumimos más visuales de lo que nuestras abuelas vieron en AAÑOS enteros. TikTok dicta microtendencias que duran lo que dura tomar un té; Instagram se vuelve un catálogo infinito de vidas perfectamente editadas; Pinterest nos enseña cómo “debería” verse nuestro clóset, nuestro pelo y, honestamente, hasta nuestra personalidad.
Y aun así —o justamente por eso— muchas personas sienten que han perdido la brújula estética. No por falta de opciones, sino por exceso de estímulos.
Pero DAAARLING, cuando vuelves a observar —realmente observar— te das cuenta de que tu estilo vive en los detalles que siempre estuvieron ahí: la caída de una tela que te enamora, una camisa que te recuerda un momento, el color que te calma… así que lo que hay que hacer, en realidad es más sencillo de lo que pensabas: identificarlo, bajar el ritmo, y hacer movimientos consientes.
El burnout estético es real (y tiene explicación psicológica y tecnológica)
Bueno DAAARLING, por supuesto que llegamos a un límite con el contenido aesthetic: llega un punto en que el cerebro deja de registrar la belleza y empieza a defenderse de ella. Se llama habituación: cuando ves mil imágenes similares, el cerebro simplemente baja el volumen emocional para no colapsar. Es tremendo.
Y es que las plataformas que consumimos no fueron diseñadas para la creatividad, sino para la retención. Su arquitectura —ese scroll infinito, ese refresh inmediato, esos videos de 0.5 segundos— no quiere que pienses: quiere que sigas.
El resultado es un fenómeno muy actual: estamos hiperexpuestos pero desconectados. Sabemos qué está de moda, pero no qué nos gusta. Estamos saturados de referencias.
La respuesta no es desconectarse del mundo, sino re-apropiarse del ritmo.
Cuando miras lento, vuelves a notar los detalles, y eso cambia tu estilo, eleva tus hábitos y te hace consiente de lo que consumes.
Las mujeres que mejor visten no son las que siguen más tendencias, sino las que han desarrollado un ojo. Un ojo entrenado para ver la caída de una manga, la textura de una tela, la armonía del color. Eso no se logra con prisa.
Y eso es precisamente todo el sentido, DAAARLING: En diseño (y en política, y en marketing, y en arte contemporáneo), la tendencia más poderosa para 2026 es la intencionalidad. No más saturación; no más estímulos sin propósito. La gente empieza a desear experiencias curadas: menos cantidad, más significado.
La contra-tendencia cultural: el slow gaze
En arte, estamos viendo crecer el interés por exposiciones inmersivas, espacios contemplativos y obras que requieren tiempo. En política y economía, se habla del “nuevo localismo”: un regreso a mirar lo que está cerca antes de mirar lo que es viral. En tecnología, la neuroestética está tomando fuerza, estudiando cómo la belleza afecta la salud mental. En belleza, las tendencias van hacia piel real, texturas auténticas, maquillaje que acompaña en lugar de disfrazar.
DAAARLING! La mayor revolución es reducir la velocidad, y con ello vas a lograr entrenar tu ojo y curar tu propio estilo. Pareciera que es un ejercicio simple, pero encontrarte contigo mismo SIEEMPRE SIEEMPRE va a ser volver al interior. La idea debe ser crear tu propia estética, en armonía con lo que te llama de las tendencias, pero sin ser una reacción de estómago, o elegir prendas simplemente porque tu influencer de confianza hizo un haul que te causó FOMO.

Ya lo sabes ahora: explora, entrena tu ojo, y aviéntate a experimentar con lo que te gusta y lo que te llama, sin perder de vista lo que ya tienes y qué es realmente lo que buscas proyectar.
Nos vemos pronto, TA TA!
Xx, Maia
