Cerrar el ciclo, moverse con mayor precisión, ajustar la atención… quizá un año te propusiste volver a tu centro, y otro buscaste crecer tu zona de aprendizaje. Sea cual sea tu motivación, es una oportunidad tremenda poder estar al pie de un nuevo inicio, preparando un salto de fe.

Porque hay años que no llegan haciendo ruido.

Llegan como una puerta apenas entreabierta.

No exigen promesas heroicas ni versiones más productivas de nosotros mismos.

No piden velocidad, ni listas interminables, ni certezas inmediatas.

Piden algo más sutil: atención.

El inicio del año no siempre se siente como un reinicio.

A veces se parece más a un suspiro.

A una taza caliente entre las manos.

A una página en blanco que no apura.

Este año no viene a exigir, viene a invitar:

A mirar el mundo con más cuidado.

A afinar la sensibilidad.

A quedarnos con lo que de verdad se queda.

A soltar lo que ya cumplió su función, sin drama y sin culpa.

No se trata de correr hacia adelante, sino de aprender a entrar. Como quien cruza un umbral sin mapas, sin garantías, pero con la certeza íntima de que algo espera del otro lado.

Como Lucy cuando empuja el abrigo y descubre que el frío no era el final, sino el comienzo.

Este año se abre como un territorio por explorar, no por conquistar.

Más observación que prisa.

Más curiosidad que control.

Más presencia que ruido.

Quizá no sepamos aún qué forma tomará, pero vaya que sí podemos decidir cómo caminarlo.

Con asombro.

Con atención.

Con ganas.

Bienvenido el año.

Entramos despacio y con la mirada despierta. ¡Prepárate darling!

Xx, Maia


Deja un comentario