Al momento de elegir tu siguiente lectura, es normal no saber por qué te atrajo uno u otro título. Pareciera que a veces vas sin rumbo eligiendo títulos que suenan al azar, tratando de entender qué tienen en común, y por qué sigues pensando en ellos aún después de cerrarlo por última vez.
Está vez, mis lecturas no siguieron una línea obvia, pero ahora que las veo en conjunto, revelan una constante: la búsqueda de sentido, ya sea a través del misterio, la identidad o la conciencia de la muerte.
El Secreto de Ágatha, Marie Benedict,

Es un buen libro, y me atrajo por razones que considero obvias: nada como un buen misterio y qué mejor que uno con apariencia de ser orquestada por la reina del misterio. Quizá mi tema en realidad es que no hay una teoría que sienta satisfactoria con respecto a su misteriosa desaparición… y francamente quedé intranquila. Lo que sí es que me encantó por un momento imaginar que lo sabía con certeza. A veces queda la pregunta resuelta, pero muchas otras, parece que necesitamos moldear el aire mismo para darle sentido a algo que quizá, después de todo, no podremos descubrir.
Piranesi, Susanna Clarke,

Leer este libro fue una experiencia increíble, que me dio esperanza y desolación en cantidades inimaginables. Decir que contaba los minutos para poder elegir un rincón donde pudiera perderme en sus páginas.. casi podía escuchar el arrullo de las olas, y percibir la suave voz de Piranesi. Es uno de esos textos que te obligan a aceptar que quizá, no podemos entenderlo todo. Este libro es, y supongo que por siempre mantendrá el pedestal, un tesoro único.
El Loco de Dios en el Fin del Mundo,

No hay un libro que refleje mejor el diálogo que yo misma he sostenido mil veces: la incredulidad y la falta de fe, contraria a unas ganas locas por creer y por encontrarme con la certeza de que lo que quiero saber es cierto. Ser un testigo de algún modo del peregrinar del Papa Francisco, a través de la brillante escritura de Javier, me hizo reír, llorar, y explorar emociones que simplemente no tenía en el mapa. Dejó algo invaluable: una única frase que me da calma en momentos de turbulencia.
La Muerte de Iván Ilich, León Tolstoi,

Un relato breve, preciso y sobre todo, devastador. Tolstoi te enfrenta a la fría e inevitable situación de contemplar el fin de lleno en el rostro, y de poder nombrar con toda seguridad lo que te llevó a ello. Hay una claridad brutal en el mensaje: es imposible terminar este libro y continuar con tu vida sin más. Valiosísima, y de cierta forma, una burla. Fue como dulce para mí particular sentido del humor: todo acaba, y al mismo tiempo ¿qué tanto provoqué yo misma?
—
Si pudiera nombrar el hilo que une a todos, diría que es cuestionar la superficie y aceptar la incomodidad. Ninguno toma lo evidente, y busca aliento aún sabiendo que lo que espera al otro lado lo cambia todo.
Lo último por ahora, hasta la próxima…
– Maia
